La reflexología podal es una técnica sencilla que potencia la salud y la capacidad de autorregulación del cuerpo. Se basa en el trabajo sobre el pie, por medio de presiones con los dedos y algunas otras maniobras, ya que en los pies se encuentran reflejadas todas las demás áreas y sistemas del organismo, de manera que tratando los pies estás obteniendo efectos en otras zonas del cuerpo.
No tiene efectos secundarios, pero en cambio, conlleva efectos beneficiosos “de regalo”, como pueden ser la confianza, bienestar y apoyo emocional que podemos comunicar por medio del contacto físico sereno y cariñoso.

Uno de los campos más bonitos para aplicar la reflexología podal es el de los primeros años de la vida. 
A veces las madres y los padres nos podemos sentir desbordados por nuestra nueva responsabilidad cuando llega a nuestra vida un bebé precioso, lleno de necesidades y cuyo único medio de comunicación es el llanto. Es muy reconfortante contar con recursos que nos ayuden en esta primera etapa, y la reflexología podal puede ser uno de ellos, ya que se puede aplicar a bebés sin ningún problema, de forma sencilla e inocua.

Uno de los problemas que pueden presentarse en los primeros meses son los cólicos del lactante, que se producen por una cierta inmadurez del aparato digestivo. Si se dan, comienzan a las dos semanas de vida, y pueden prolongarse hasta cumplir cuatro meses. Aparecen gases y espasmos intestinales que crean mucho malestar e inquietud en el bebé. Suelen presentarse más frecuentemente a última hora de la tarde.

En estos casos, el llanto inconsolable llega a hacer flaquear la calma de los padres, que no saben qué hacer para tranquilizar al pequeño. Permanecer con él, en contacto físico, para darle seguridad y apoyo, es fundamental, así como mantener la serenidad. Le podemos dar calor en la tripita con la mano, haciendo suaves movimientos en sentido de las agujas del reloj, para facilitar la relajación del intestino. Y también podemos tocarle los piececitos, aplicando la reflexología para calmar su irritabilidad y los espasmos que está sufriendo.
Otras ocasiones en las que la reflexología es también muy útil es ante el estreñimiento, porque es un método muy efectivo para ayudar a regularse al organismo en general, y al aparato digestivo en particular.
Podemos tonificar los intestinos y facilitar que mejoren su motilidad.

La reflexología también puede ayudar al sistema inmunológico del niño en su desarrollo y en el cumplimiento de su función. Durante los primeros dos años de vida, este sistema tiene mucho quehacer: trabar conocimiento con toda la enorme diversidad de gérmenes y sustancias ajenas que pueblan el medio ambiente donde el niño se está criando. Bacterias “buenas” o perjudiciales, virus, alimentos nuevos, polvo, metales, pólenes, fibras artificiales, contaminantes diversos… Su aparato inmunitario debe aprender a identificar los beneficiosos y los perjudiciales, a reaccionar adecuadamente ante cada uno de ellos, a crear las defensas que necesite… La reflexología puede apoyar estos procesos. Los primeros años son claves para el funcionamiento posterior de nuestra inmunidad.

Podemos utilizar asimismo la reflexología para potenciar las defensas ante resfriados, anginas, otitis y toda esta gama de infecciones tan frecuentes a esta edad.

En la época de la entrada en la guardería o en el colegio, el pequeño ha de hacer una adaptación importante a un entorno diferente del núcleo familiar, aprender a relacionarse con más personas, abrir su círculo, participar en nuevas situaciones…
En estos momentos, sentirse seguro, apoyado y capaz será muy importante para poder realizar una buena adaptación.
Tratando sus pies un ratito cada noche, por ejemplo, a la vez que le contamos un cuento, o que escuchamos sus confidencias del día, estamos ayudando a su sistema nervioso a mantenerse equilibrado, aliviando tensiones y proporcionándole autoconfianza… A la vez, sabrá que cuenta con nosotros, que estamos con él en su proceso.

Es muy interesante que al niño algo más mayorcito le comentemos qué es la reflexología, cómo funciona. Si se lo explicamos de manera sencilla, a los tres o cuatro años ya lo puede entender perfectamente, captándolo con la espléndida intuición de la que disfrutan a esta edad. Le podemos explicar que tocándole los piececitos estamos estimulando a su cuerpo para que él mismo se cure y se haga más fuerte, ágil y sano.

¿Por qué estas explicaciones? Porque de esta manera la niña o el niño aprende que su cuerpo posee la maravillosa capacidad de autorregenerarse y curarse, a la que podemos ayudar con métodos externos, pero que de hecho, es una potencialidad del organismo propiamente dicho. Esto le dará confianza en los recursos naturales que el cuerpo tiene. Le estamos preparando para que con el tiempo sepa que él mismo y sus hábitos de vida son los principales factores de su salud. Le estamos orientando para que aprenda a responsabilizarse de ella, para que no crea, como tantas personas, que la salud es una competencia exclusiva del médico, algo externo cuyos problemas sólo se pueden solucionar con fármacos.

La reflexología nos ayuda a equilibrarnos física, energética y emocionalmente, siendo por tanto una técnica holística que se puede convertir en un valioso recurso para acompañar a los niños en el viaje apasionante de su crecimiento.